jueves, 18 de noviembre de 2010

Ausencias presentes (II)

A riesgo de caer en la soberbia y el egocentrismo, a veces siento que soy el único que le añade leña a esto para que siga ardiendo.

Siento que a pesar de que a veces no quiera volar, no sé como haces para terminar convenciéndome, para que luego, en el instante preciso de saltar, sueltes mi mano y me dejes caer al vacío. ¿Sabes lo espantosa que es esa sensación? es como irse quedando sin oxígeno muy lentamente, con el tiempo exacto para reflexionar mil y un cosas, porque quererte tal como eres siempre es un viaje de ida y vuelta, de introspección para mi, en donde puede haber dolor y/o felicidad. A pesar de todo, siempre trato de darte ese espacio que es sólo tuyo, dejarte ser tu misma, sin que mis prejuicios e ideologías contaminen tu identidad.

Sin volver al egocentrismo, no creo que pueda quererte de otra forma más honesta que esta, aunque sea yo el que pague la factura, porque así debe ser cuando uno intenta asimilar las cosas objetivamente.

Como dije antes, pese a todo, quiero tenerte en mi vida, porque sin duda hasta ahora, ha sido más lo positivo que lo negativo dentro de esta voluntad de estar… ¿no lo crees? No obstante creo que situaciones como estas son inevitables, por la eterna batalla de adaptar mi espíritu al tuyo, por ser completamente honestos, y porque yo, al igual que tu, elegí que seamos amigos no para siempre, pero si por lo que deba durar, sin que eso signifique ser dueños el uno del otro, en completa libertad…

Punto y aparte.

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