viernes, 18 de febrero de 2011

Vivir sin remordimientos…

Me acabo de chutar algunos capítulos que me faltaban de la sexta temporada de Bones y llegando al noveno, no pude evitar sentir que mi corazón se estremecía –aunque Brennan diría que el corazón no siente-.

Para los que somos fans de la serie, y la hemos seguido desde sus inicios, creo que no podemos negar que tanto Brennan como Both están hechos el uno para el otro –obvio, ese es una de las dos mitades de la trama, la relación entre ellos, y los huesos claro-.

El caso es que este capítulo en particular, se completa uno de los escenarios que se quedaron abiertos en la quinta temporada, cuando Both le confiesa a Brennan su amor, y esta lo rechaza, ahora –como tenía que suceder- Brennan se da cuenta de que eso fue un error y que –como en la vida real- uno no puede regresar el tiempo y arreglar las cosas, como tampoco elegir las ventajas de vivir en la ignorancia.

Y es que, de las peores sensaciones que uno puede conocer, es la de sentir que hubo un tiempo y un espacio en que las cosas pudieron ser distintas, en que la felicidad de dos estaba al alcance de la mano, tan fácil –y difícil- como tomar la iniciativa y decir “esto es lo que siento por ti, lo tomas o lo dejas”. Carajo! de verdad que eso sí frustra, no porque no pasó, sino porque pudo haber pasado, de esas pocas y extrañas veces en la vida en que tenías no sólo la posibilidad, sino la probabilidad, y al final no tomaste la decisión –y ya aquí le agregas todos los escenarios de su vida juntos, las cosas que habrían hecho y las que no, y todo el argumento de muchas películas como “el efecto mariposa” y así-

El miedo a dejarnos a nosotros mismos en una situación de vulnerabilidad, siendo congruentes con los sentimientos es el que nos hace no tomar la decisión en el momento justo –y tomarla tampoco es que garantice el éxito de los resultados-.

En fin, esto podría ser uno más de los #dilemasdeserhumano. Como toda crisis, tiene sus oportunidades.

Es cierto que quizá no haya alguien en este mundo que muera sin remordimientos, porque la propia idea nos incita a crearlos –a priori- para tener algo contra que luchar.

El punto es, al menos para mi, que esta vez no quiero quedarme con la incertidumbre por la que ya he pasado, de saber como podría ser mi vida contigo.

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